23 Aug
Buenas Noticias para un pueblo desesperado.

A quien de nosotros no les gusta aquellas buenas noticias en nuestra vida, a lo largo de nuestro peregrinar en este mundo hay de todo, de aquellas noticias buenas, muchas de ellas no muy agradables , pero hay noticias que nos cambia el día, nos cambian las circusntancias, y esta era una de esas noticias que les infundiría esperanza, consuelo, alegría a un pueblo desconsolado, triste , alicaido, desesperanzado y esto por su pecado y rebeldía que les había llevado a la destrucción de su ciudad y a un cautiverio. Pero llega esta noticia que les haría ver un antes y un después para sus vidas. El capítulo inicia con la frase (v.1): “Consolaos, consolaos, pueblo mio, dice vuestro Dios”, la expresión hace ver la de un Dios tierno, bondadoso, un Dios que es movido a misericordia , un Dios restaurador. Son palabras que nos dan aliento, nos dan ánimo y nos permiten ver que Dios en su gran amor no se ha olvidado de nosotros, de su pueblo, de sus hijos, él está siempre pendiente de lo suyos y aunque fuésemos rebeldes él nos extiende una vez más su mano para acercarnos a él y encontrar el oportuno socorro para nuestras vidas. Luego el verso 2: “hablad al corazón”, en otras palabras hablad con ternura, aunque por su pecado ellos estaban y habían caído en desgracia, es Dios tomando siempre la iniciativa de acercarse a sus escogidos y tratarlos con ternura, muestra el lado compasivo de nuestro Dios. Cómo le describiése el salmista en el salmo 103:9-11: “No contenderá para siempre, ni para siempre guardará el enojo, no ha hecho con nosotros conforme a nuestras iniquidades, no nos ha pagado conforme a nuestros pecados, porque como la altura de los cielos sobre la tierra, engrandeció su misericordia sobre los que le  temen”. Bendita misericordia de nuestro Dios, bendita bondad del Eterno para con su pueblo, bendita paciencia del que todo lo puede. Es cierto, ellos estaban cosechando de su mal proceder, pero Dios en su gran amor, les devuelve la vida, les da una nueva oportunidad, oportunidad que ellos sabían no era porque ellos la merecían, era por la pura gracia de Dios, gracia inmerecida por eso es gracia, gracia bendita por que procede de Dios, gracia restauradora porque Dios es un Dios de planes  y propósitos eternos. Esta era la buena nueva que Dios manda a decir a su profeta que proclame, que lo grite, que lo anuncie (v.9f): ¡Aquí está tu Dios! o ¡Aquí viene nuestro Dios”, son dos connotaciones que nos hacen ver dos grandes verdades que están relacionadas con el contexto del pasaje: Primero: “Aquí está tu Dios!, este era el Dios que se levanta a favor de su pueblo, él Dios de pactos que les hace ver que sus palabras y promesas son firmes, son confiables, que ellos al igual que usted y yo podemos descansar en ella y que a pesar del tiempo estas siempre estarán ahí y lo reafirma en el verso 8: “Sécase la hierba, marchítase la flor; mas la palabra del Dios nuestro permanece para siempre”. Amén, sus palabras, sus promesas son eternas, son confiables, son seguras, en ellas nos podemos “parar” y caminar confiadamente en nuestro peregrinar en este mundo, no importando el momento siempre será oportuna para nuestra vida, Dios siempre tendrá algo para usted o para mí. Este es el Dios que está por usted y con usted, el Dios que cuida a su pueblo como la niña de sus ojos. La segunda expresión es: “Aquí viene nuestro Dios”: El Dios que consuela que pastorea como muy bien lo expresa el verso 11: “Como pastor apacentará a su rebaño, en su brazo llevará los corderos y en su seno los llevará, pastoreará suevemente a las recien paridas”, el Dios que viene, es el Dios que se mueve a cuidar de los suyos , con ternura, con amor,él es el buen pastor, el pastor de nuestra vida. A menudo se describe a Dios como un pastor, que con amor cuida y guía a su rebaño. Él es fuerte y poderoso (40.10), y sin embargo, cuidadoso y amable. Se le llama pastor (Salmo 23); el buen pastor (Jn. 10:11,14); el gran pastor (Heb. 13:20); el Príncipe de los pastores (1 Ped. 5:4). Tome nota de que este pastor protege a los miembros más indefensos de nuestra sociedad. Esto refuerza el tema profético de que la nación verdaderamente poderosa no es la que tiene un gran ejército, sino más bien la que depende de la fuerza protectora de Dios. Este es el Dios nuestro, hoy es día de buenas nuevas, nuestro Dios viene, nuestro Dios se levanta, aquí está Dios, el Emanuel: Dios con nosotros, estas sí que son buenas noticias para el día de hoy.


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